Lo que realmente quiero hacer es cine: Entrevista con Carlos Hagerman

Publicada en la versión en línea de Revista Icónica.

Entrevista con el cineasta Carlos Hagerman sobre su pasión por el cine documental y las posibilidades del mismo en México.

FR: Me interesa saber cómo te interesaste en el cine, ¿hubo algún momento específico en el que dijiste “voy a ser cineasta”?

CH: La verdad es que yo quería ser científico, de niño soñaba con ser biólogo marino, tener una granja con animales. Llegué a la Ibero a hacer examen de ingeniería biomédica, pero una vez habiendo hecho el examen dije “no, no quiero ser ingeniero, lo que realmente quiero es hacer cine”. Volteando para atrás el cine ha sido mi lugar favorito. Recuerdo pedir siempre de regalo de cumpleaños una ida al cine. Me acuerdo de una película que me encantaba, se llamó Chitty Chitty Bang Bang, una novela de Ian Fleming, quién escribió James Bond. Era una película para niños, musical y con gran imaginación, el guión era de Roald Dahl, y en esa época a mí me encantaba. Yo creo que la fui a ver al cine 5 veces, en 5 veces seguidas que la pasaron. También me acuerdo que cuándo mi mamá no nos llevaba al cine le pedía que nos rentara una película, en ese momento la renta de películas era en 16mm, porque era la manera en la que llevaban películas a las cárceles, a los asilos, inclusive así se proyectaban en los aviones. En un viaje que realicé a Alemania en 1972, recuerdo que se proyectaban caricaturas para niños en el avión, en una pantalla con un reproductor de 16mm. Era muy bonito. Mi lugar favorito fue, y creo que sigue siéndolo, el interior de un cine. Soy cinéfilo y me encanta meterme allí.

FR: ¿Qué es lo que más te gusta del cine?

La parte narrativa es la que más disfruto, el contar historias. Siempre me ha gustado que me cuenten historias, mis mejores amigos de toda la vida son y han sido buenos narradores. Cuando tienes a alguien que es un buen narrador te puede contar que fue a la farmacia a comprar una medicina y puede resultar muy divertido, toda una empresa o una épica. Esa es la parte del cine que más me gusta.

FR: ¿Cómo encaja en esto el cine documental?

La verdad es que yo hice un documental como película de tesis cuando estaba en la universidad, porque en ese momento te pedían un documental si querías recibirte. No lo podías hacer a través de una ficción ya que requería una investigación previa, mi película se llamo El método del concepto. Cuando vi el cine de Juan Carlos Rulfo, como El abuelo Cheno y otras historias y Del olvido al no me acuerdo, me gustó muchísimo aunque yo quería seguir haciendo ficción. Él fue a hacer la postproducción de su película en Estados Unidos cuando yo estaba estudiando allá, como ha sido un amigo muy querido desde hace muchos años, se quedó a vivir unas semanas en la casa. Y él siempre me insistía “haz documental”. Creo que terminé haciendo documental porque así me tocó. En parte por influencia de Juan Carlos y porque me harté de estar escribiendo guiones y darme cuenta de lo complicado que era armar una película, por lo menos las que yo quería hacer en ese entonces. Y agarré una cámara y empecé a hacer “Vuelve a la vida” después surgió una oportunidad para hacer “Los que se quedan”, e invite a Juan Carlos a hacerla conmigo, llevábamos muchos años intentando hacer algo juntos, se dio la oportunidad.

FR: ¿Y ahora no tienes en mente hacer una ficción?

CH: Sí, si tengo, pero yo ya veo el cine de una manera diferente que antes de hacer documental. Hay historias que son mejor contadas en un documental y otras que funcionan más para una ficción. Tengo varios proyectos de ficción ahí, ahora tengo unos proyectos de documental y voy viendo qué oportunidades se van presentando. Para mí no hay un lado y otro del cine, es como si de repente haces un western y te dicen ¿no quieres hacer westerns toda tu vida? A lo mejor quiero hacer una comedia romántica. Lo bonito del documental es que lo que está pasando frente a tu cámara tiene una fuerza que no tiene ningún otro cine. Lo vemos todo el tiempo, en los millones de hits que tiene el video de un bebé carcajeándose en Youtube, ahí hay algo. No está ahí la escena de una película con un bebé carcajeándose.

FR: Entre el arte y el documento ¿cómo sitúas al documental?

CH: El arte es algo que alguien más nos dice que eso no es lo que uno hace. Y el documento, pues es algo muy poco emotivo, documentar puede traer consigo una importancia histórica. Pero en realidad a mí no me interesa ni una cosa ni la otra, a mí lo que me interesa es la narrativa, contar historias, conocer personajes, que a los personajes les pase algo, que nos lleven a algún lugar. Un documento podría involucrar personajes importantes, personajes históricos pero los personajes que a mí me interesan son los poco conocidos. Vuelve a la vida es la historia de un héroe anónimo, que en realidad podría ser cualquier persona, pensándolo bien no cualquier persona, cualquiera de estos personajes que son épicos, como se dice en inglés larger than life. Y en el caso de Los que se quedan son personajes invisibles para la sociedad, personajes e historias que han sido contadas a través de documentos, de datos duros, a través de estadísticas y a mí lo que me interesa es la parte emotiva de las historias, sean en documental o en ficción.

FR: Al documental siempre se le adjudica una casaca ético-moral ¿Piensas que para hacer un buen documental éste necesita aportar algo socialmente?

CH: Sería muy pretensioso contestar “sí yo creo que el documental tiene…”. Yo creo que con cada decisión que tomamos de contar una historia cargamos con una responsabilidad con ella misma. Desde construir un guión o una película documental, tenemos que ser responsables de lo que estamos diciendo. A veces, en un giro de tuerca, después de un desenlace sorpresivo se nos olvida que finalmente somos narradores y qué lo que vamos a decir tiene cierto peso porque lo vamos a hacer público. Tienes una responsabilidad, primero con tu persona y tu integridad como narrador y después con el público al que se lo estás ofreciendo, y por supuesto, con la relación que hayas hecho con tus personajes.

FR: Al principio de Vuelve a la vida dices que estos personajes daban para una ficción pero al conocerlos preferiste dejar que ellos contaran su historia, ¿si existió la idea primera de hacer una ficción?

CH: Sí, por supuesto, yo llevaba varios años intentando filmar otros guiones y cada vez hacía una película más ambiciosa a nivel de producción. Escribir “atacan los indios” es un renglón que puede llegar a ser una pesadilla en tanto producción, pero a ti como guionista no te cuesta nada. Estoy exagerando un poco, pero las películas que yo quería hacer estaban lejos de ser películas sencillas de producir. Curiosamente llegó a mí una anécdota muy particular, la cacería de esta tintorera en los años setenta en Acapulco, y vi claramente la oportunidad de hacer una película de ficción porque eran 25 personajes en una playa desierta, era muy sencillo poder lograrlo después de varios años de intentar levantar proyectos muy grandes. Lo que me pasó fue que cuándo fui a entrevistar a los testigos de la cacería me encontré con unos personajes increíbles, llenos de vida y que eran ellos mismos narradores de historias y cuando tienes a un gran narrador tienes que dejarlo contar su historia frente a la cámara.

FR: Me impresiona cómo tanto en Los que se quedan como en Vuelve a la vida los personajes se pueden tornar tan cercanos. Sobre todo en Los que se quedan, como la imagen en dónde la niña está hablando con el papá por teléfono y el documental logra transportarte a ese lugar. ¿Cómo logras establecer este vínculo?

CH: Existe toda una propuesta de alejarte del reportaje televisivo. De forjar una relación de amistad, crear conversaciones con los personajes y acompañarlos en su día a día, en lugar de hacer una investigación y un guión de preguntas. Desde un principio Juan Carlos y yo nos pusimos de acuerdo en esto, íbamos a intentar retratar el día a día de las familias, para ver si ahí podíamos sentir la ausencia del que no está ¿Cómo sabes que falta una persona si tú tomas el retrato de una familia mientras está desayunando? A lo mejor no ves al papá, pero puede ser una madre soltera, cómo sabes que ese personaje tiene allí una ausencia que está presente. Esa es una parte, la manera en la que nos acercamos a cómo contar esa historia. Por otro lado, mis padres han trabajado por más de 30 años en proyectos educativos en comunidades rurales, sobre todo en la Sierra de Puebla y en la de Chiapas. Cuando Nicolás Vale, el productor, me ofrece esta película, la primera reacción fue no saber qué hacer. Por un lado existen muchas películas sobre migración en ese momento y por otro lado ¿yo qué tengo que ver con la migración? Un día me fui a comer con mis papás y les platiqué lo que me estaban ofreciendo. Inmediatamente me dijeron: “ah no pues vete a platicar con Don Pascual que Marcos está allá hace ocho años y ahí está Raquel, háblale por teléfono a ver si te quiere platicar de cuando mataron a su marido y ahí está Rosy”, de repente, eran personajes que habían estado muy cercanos a mi vida. A Don Pascual ya lo conocía, llegué a entrevistarlo por primera vez con mi papá, son compadres, eso establece un nivel de intimidad inigualable. De la misma manera en que Juan Carlos Rulfo ya tenía una relación con la familia de Michoacán, eso le dio un estilo personal a la película.

FR: ¿Del mismo modo con John Grillo en “Vuelve a la vida”?

CH: De diferente modo, a John Grillo yo lo conocía porque es esposo de una de las mejores amigas de mi esposa. En realidad yo me hice compadre de John, nos habíamos visto a lo mejor unas 10 veces antes y en un momento en que vinieron de visita a México estuvieron una semana santa con sus hijos aquí en la casa, y me contó la historia del tiburón. Y en el proceso de hacer el proyecto de una ficción voy descubriendo la historia de John, de su mamá y la historia del “Perro largo”. De tal manera que al presentarle a John el primer demo que armo de unos 20 minutos para conseguir recursos para la película él terminó muy sorprendido de aparecer tanto. Por supuesto, íbamos a entrevistar a personajes que formaban parte de la vida de John, era su mamá, su hermanastro, la mano derecha de su padrastro, con el que convivió toda la vida, entonces apareció John como parte de su familia. Lo que pasa es que tu no cazas, viendo a John alto, de ojo azul, güero, no sientes que los personajes acapulqueños estén cercanos, pero en realidad sí están muy cercanos y eso ayudó. Aunque también he de decir que los acapulqueños son bastante extrovertidos y no hay muchas barreras que romper.

FR: Me gusta mucho cómo en Vuelve a la vida incluyes elementos de la vida acapulqueña, la forma en que utilizas la música de los 70.

CH: Una de las cosas que funciona muy bien de la película es que en México, sobre todo en la Ciudad de México, hay un vínculo emotivo con alguna historia de Acapulco. Con las imágenes de archivo resultaba muy fácil trasladarte a tu infancia en Acapulco. Si escuchas la canción de “Tiburón tiburón” te acuerdas de haberla oído en la radio, provoca cierta nostalgia. Resultaba muy bonito poder hablar un poco de la historia de un lugar y al mismo tiempo poder hablar de nuestra propia memoria. Eso lo puedes ver y lo puedes oír en las canciones y en el material de archivo, y de alguna manera el visitar la memoria de los que fueron testigos hace que recordemos cómo sucedieron nuestras propias historias. Contar la película con eso recursos resultaba muy natural para la historia de la familia.

FR: En la escena final de Vuelve a la vida, en cierto sentido se recrea la historia, parece un ejercicio de recuerdo actuado. ¿Por qué decidiste proceder de esta manera?

CH: De repente tenía tantos narradores que faltaba yo. Y eso lo decidimos desde un principio, cuando decidimos el formato con el cual se iba a filmar, decidimos que todas las entrevistas se iban a hacer en video, en un formato cuadrado como la televisión. Íbamos a hacerle un homenaje al “Perro”, no pensamos en situarlo en los años 70 ni hacer una recreación del momento. Dijimos vámonos otra vez todos los que estuvieron ese día, vámonos al mismo lugar a volver a soltar una carnada a ver si agarramos un tiburón y a recordar lo que pasó. Es un juego de punto de vista que te ayuda a llevar la historia a otro nivel. Le da un carácter de ficción que nos ayuda. Ahora que la película estuvo en el Festival de Roma, en Italia, les gustó mucho porque se habían sorprendido, el final resultaba sorprendente con las fotografías arguyendo que eso sí había pasado.

FR: Asumo que cuándo haces un documental no tienes tanto control como lo podrías tener en el rodaje de una ficción. Cuando ves la película terminada ¿qué es lo que más te sorprende?

CH: Es un arma de doble filo, lo que sucede muchas veces cuando estás haciendo un documental es que no sabes en qué va a acabar la historia y a veces no acaba. Nosotros tuvimos una gran suerte en Los que se quedan. Cuando estábamos acabando el primer corte que terminaba con la familia de Maricela yéndose de su pueblo, nos hablan por teléfono diciéndonos que los hijos de Don Pascual iban a regresar al día siguiente, lo cual fue maravilloso para la película. Eso requiere mucho tiempo, tiempo para que sucedan las cosas. En algún momento tienes que tomar la decisión de dónde va a acabar la historia, porque las historias no se acaban. Los personajes siguen con sus vidas. En Vuelve a la vida había una anécdota muy definida que estamos recontando pero la historia familiar era difícil de contar, aquí hubo que ser narradores. El editor, en el caso del documental es de vital importancia, podría decir que ocupa el papel del guionista en una película de ficción. Valentina Leduc es una gran narradora de historias, además de ser una gran editora, y el trabajo que hizo con Los que se quedan y con Vuelve a la vida es maravilloso.

FR: Podrías platicarnos más acerca de “La sombra del Guayabo” ¿Por qué fundaron una productora?

CH: Los guayabos son árboles muy curiosos, son muy buenos para escalar cuando eres niño porque son muy duros y las ramas tienen unos quiebres muy locos, tiene hojas pequeñas muy duras, de tal forma que la sombra que hacen no es muy oscura, es una sombra que permite que crezcan cosas debajo. La idea de que La sombra del guayabo fuera una compañía que permitiera que gente nueva fuera cobijada bajo una sombra los permitiera crecer debajo. Esta es la parte filosófica. En realidad, en la casa donde vivo y donde tengo mi despacho hay un guayabo que nos hace la sombra allá en el patio y es donde trabajamos, debajo de la sombra del guayabo, lo cual es un privilegio. Cuando oyes La sombra del guayabo, dices, es un albur o qué, pero cuando ves el inicio de las películas y ves lo que es una sombra de guayabo, la sensación de que no es una compañía con una animación 3D sino que es una compañía que está viendo las cosas desde otro lugar, que se enfoca en admirar las cosas lindas que tenemos. La “Sombra del Guayabo” surge con el proyecto de Los que se quedan, nos asociamos Nicolás Vale, Juan Carlos Rulfo y yo para hacer esta película. Los proyectos que queremos hacer tienen una visión más positiva del pasar por este mundo.

FR: ¿En qué proyecto estás trabajando ahora? ¿Nueva película?

CH: Sí, ahora estoy empezando otro documental en donde quiero contar la historia de mi familia. Es una historia que trata sobre la falta de oportunidad profesional en el campo mediante historias de éxito.

FR: ¿Qué problemas ves en el panorama del cine mexicano?

CH: Yo creo que hay un reto para encontrar un nuevo camino de exhibición de los proyectos. Actualmente se están haciendo muchas nuevas películas en México, películas muy interesantes, pero tenemos que resolver cómo se van a exhibir. Tendría que haber otros circuitos de exhibición, sobre todo para películas documentales, la plataforma de distribución que existe actualmente, los multicines, buscan un cine comercial y es muy difícil competir con ellos. Deberían existir nichos de distribución más alternativos. Y si estos nuevos espacios de exhibición no se desarrollan a la par va a ser muy difícil que sigamos haciendo películas.

FR: ¿Nos podrías dar un ejemplo? ¿Tienes alguna sugerencia?

CH: En Mérida existe una sala que se llama “La 68”, en donde proyectan únicamente cine documental. Ha sido un ejemplo bastante exitoso, es otra experiencia de ir al cine, no es ir a ver la última película de Leonardo DiCaprio; te vas a “La 68” a ver qué dan, estás en un patio al aire libre, te dan una cerveza, una buena pizza, y hay un programador que escoge buenas cosas. Ha funcionado muy bien, claro que no lo puedes sistematizar, depende de una persona que se dedique en cuerpo y alma a esta experiencia. Es como un restaurante, no puedes hacer de un restaurante delicioso una franquicia porque terminas con eso, una franquicia. Si existiera una sala que se dedicara al cine documental en cada gran ciudad de México, con eso tendríamos, 40 salas donde la gente fuera a ver documentales de temas diversos. También en las escuelas deberían crear guías para utilizar este tipo de materiales. Con Los que se quedan nosotros elaboramos una guía para profesores de secundaria y preparatoria para que pudieran usar la película como recurso didáctico, y cualquier persona puede descargar gratuitamente la película desde la página de internet.

FR: ¿Qué cineastas o proyectos de documental mexicano te llaman la atención actualmente?

CH: Hay muchísimo, no lo vemos porque nos faltan ventanas. Me gusta mucho un cineasta australiano, Jeffrey Smith, él hizo una de las películas más bellas que he visto en toda mi vida, El cirujano inglés. Ahora él junto con Roberto Hernández, un abogado, hicieron una película Presunto culpable, es una historia que evidencia el mal funcionamiento de nuestro sistema judicial. Es impresionante ya que la vida del personaje peligra en el momento del rodaje del documental, termina siendo una especie de thriller documental. Hay que romper con el cliché, con el prejuicio, de que el cine documental es un cine didáctico de flojera. La primera película que me abrió el panorama de lo que podría llegar a ser un documental fue Hoop dreams, una película en donde una empresa de documentales en Chicago sigue siete años a tres basquetbolistas callejeros a lo largo de su carrera profesional, vas viendo cómo unos se desbaratan y cómo otros llegan a ser exitosos, y esto lo ves mientras está pasando. En ese momento pensé: esto es muy poderoso.

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