San Juan de la Cruz y el fantasma

Ni activos ni pasivos, ni externos ni internos,

ni imaginarios ni reales,

los fantasmas tienen sin duda la impasibilidad

y la idealidad del acontecimiento.

Gilles Deleuze, 1969.

 

Lo que propone Deleuze es un tratado de ontología vitalista, es decir, un estudio del ser en tanto que vida. Para postular ahonda en distintos problemas filosóficos, tal es el caso de la paradoja, el sentido y el devenir. Me interesa su aproximación al acontecimiento. El acontecimiento, visto desde la filosofía deleuziana implica ser siempre efecto, siendo efecto perfecto. El acontecimiento es lo que se enuncia. Es lo que se dice del estado de cosas, surge en el exterior. El acontecimiento puro es un efecto incorporal, es decir, un sentido-neutro. El sentido es el acontecimiento. El acontecimiento-sentido es puro devenir. No se instala en un tiempo presente, y no puede pensarse como un futuro o un pasado, es un ir siendo. El enunciado-acontecimiento está centrado en el verbo infinitivo, en el devenir de su efecto, en su ser.

Me propongo analizar un poema de San Juan de la Cruz que habla del éxtasis que mantuvo en una experiencia mística. ¿Con qué fin? Si “la paradoja de este puro devenir es la identidad infinita de la causa y el efecto”1. ¿Qué significa el enunciado “Dios vive”? ¿Qué nos permite ver estas enunciaciones, este fantasma? Qué pasa cuando Deleuze afirma: “Así, el yo personal tiene necesidad de Dios y del mundo en general. Pero cuando los sustantivos y adjetivos comienzan a diluirse, cuando los nombres de parada y descanso son arrastrados por los verbos del puro devenir y se deslizan en el lenguaje de los puros acontecimientos, se pierde toda identidad para el yo, el mundo y Dios”2. ¿Podría Dios devenir en forma de fantasma, en un enunciado-acontecimiento?

Lo único que intento es hacer una lectura postmoderna de algún escrito “viejo”, escojo los escritos de San Juan de la Cruz, como podría haber escogido cualquier otro. No intento dar grandes respuestas, y supongo que mi intento será un tanto fallido, pero si el problema es analizar “documentos históricos” bajo la mira postmoderna, que mejor, al menos para mí, que un texto místico.

Ahora tendré que ver cómo es que Deleuze define al fantasma. “El fantasma no representa una acción ni una pasión, sino un resultado de acción y de pasión, es decir un puro acontecimiento”. Si el fantasma es un puro acontecimiento, es decir es el sentido-neutro, así, los fantasmas son efectos en tanto que efectos, y difieren de sus causas. No importa que causas (al ser estas infinitas) hayan causado el estado extático al que se refiere San Juan de la Cruz, lo importante son las líneas escritas, los verbos a los cuales se abraza este fantasma.

Entréme donde no supe,

Y quédeme no sabiendo,

Toda ciencia trascendiendo.3

Si el fantasma es un acontecimiento, ¿por qué sucede en esta forma? ¿Qué es lo que lo permite? Quien sabe. Lo importante de este acontecimiento es él mismo, él mismo se llena. La experiencia de San Juan de la Cruz se escribe, acontece por sí sola, se satisface como un nodo noemático circular. Como diría Deleuze, el acontecimiento acontece como un estallido, como un efecto de superficie que corre incorporalmente. “Que en todo acontecimiento esté mi desgracia, pero también un esplendor y un estallido que seca la desgracia, y que hace que, querido, el acontecimiento se efectúe en su punta más estrecha, en el filo de una operación, tal es el efecto de la génesis estática o de la inmaculada concepción. El estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido.”4 Así, este estallido tiene una doble causalidad, pues resulta de las causas internas y externas de la profundidad, y de la casi-causa que lo hace operar en la superficie, que lo comunica.

Estaba tan embebido,

Tan absorto y ajenado,

Que se quedó mi sentido,

De todo sentir privado,

Y el espíritu dotado,

De un entender no entendido,

Toda ciencia trascendiendo.5

Ni imaginarios ni reales. Preciosa afirmación hecha de los fantasmas. Y es aquí donde reside el problema, donde reside su devenir. En el hecho de que esquivan su propia esencia, esquiva el presente y tampoco soporta la distinción entre el antes y el después. El fantasma es enigmático porque es el acontecimiento puro, ya que es un atributo noemático que difiere de las acciones, pasiones o cualidades del estado de cosas. Se encuentra sólo en el estallido, en el sentido neutro. Lo único que resta en los fantasmas, debido a su impasibilidad es la espera. Sí, la espera de lo que sucederá, de lo que sucede y nunca acaba de suceder. El devenir loco del estallido impersonal.

Cuanto más alto se sube

Tanto menos se entendía,

Que es la tenebrosa nube

Que a la noche esclarecía:

Por eso quién lo sabía

Queda siempre no sabiendo,

Toda ciencia trascendiendo.6

Un aspecto importante del fantasma es la situación del yo en él mismo. Si el acontecimiento-fantasma es impersonal y preindividual, ¿cómo sucede el sujeto? “El sujeto no tiende a tal objeto o a su signo, el mismo aparece atrapado en la secuencia de imágenes…, es representado, como participando en la escena sin que, en las formas más próximas del fantasma originario puede serle asignado un lugar”7. El sujeto comprime toda su personalidad en un instante infinitamente divisible para estallar en un acontecimiento impersonal y preindividual. “Lo que está más allá de lo activo y lo pasivo no es lo pronominal sino el resultado de acciones y de pasiones, el efecto de superficie o el acontecimiento. En el fantasma, aparece el movimiento por el cual el yo se abre en la superficie y libera las singularidades acósmicas, impersonales y preindividuales que aprisionaba. Literalmente, las suelta como esporas y estalla en este deslastrado. Hay que interpretar la expresión energía neutra en este sentido: neutro significa entonces preindividual e impersonal, pero no califica el estado de una energía que se incorporaría al sin-fondo; al contrario, remite a las singularidades liberadas del yo”8. Es por esto que la individualidad del yo se sumerge en el fantasma-acontecimiento, es en donde las líneas se borran, aunque siempre existe el riesgo de que el fantasma sea captado como otro individuo.

Yo no supe donde estaba,

Pero, cuando allí me ví,

Sin saber donde me estaba,

Grandes cosas entendí;

No diré lo que sentí,

Que me quede no sabiendo,

Toda ciencia trascendiendo.9

El fantasma es especial ya que conlleva a una contra-efectuación, en donde existe la más alta libertad, en donde el sujeto se convierte en el duelo de las efectuaciones y las causas. El fantasma es sentido puro ya que es totalmente diferente a las proposiciones que lo comunican como al estado de cosas que le sobrevive. El fantasma sólo puede ser pensado en verbo infinitivo debido a su devenir, y a su condición de acontecimiento puro. Así los fantasmas aterrizan en el lenguaje de una forma indirecta, cuando estos son remitidos a enunciados, cuando se convierten en acontecimientos recaen bajo formas gramaticales previamente hechas, quedan balbuceando.

De paz y de piedad

Era la ciencia perfecta,

En profunda soledad

Entendida, vía recta;

Era cosa tan secreta,

Que me quedé balbuciendo
Toda ciencia trascendiendo.10

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