Santas Fracturas

“Soy evitista, de la Milicia Angélica. Pero acá, en estas fiestas, cualquier fe da lo mismo”. (Tomás Eloy Martínez, 1995)

“Aunque a él no le pasó nada, lueguito se vino a pedirle perdón a
Malverde”. (Don Eligio, 2002)

“¿De dónde me agarro? Díganme ¿de dónde?”. (Daniela Whaley, 2006)

Comenzaré este trabajo no sé si por costumbre, o para instaurarla, insertándome en él. Hace unas cuantas semanas realicé un viaje hacia la ciudad de Culiacán. Abordé un camión Estrella Blanca con destino al estado de Sinaloa, como el recorrido iba a durar aproximadamente 20 horas, decidí que gastaría ese tiempo leyendo Santa Evita. Constaba de 424 páginas… bastante prometedor, comenzaría mi travesía siendo una estudiante estudiosa. Claro está que de las 20, 13 horas dormí y otras tantas estuve platicando, comiendo, viendo…aun así logré avanzar bastante de la novela, al menos a la mitad. Lo suficiente para quedar atrapada por Evita (o al menos poder pretender esa captura). Evita estaba latente, como personaje pero también como la tarea que no estaba haciendo en mi estadía culiche.
Mi travesía a tierras norteñas comenzó rara, se fue haciendo más rara y culminó con una visita a la capilla de Malverde. Entrando a la capilla me encontré rodeada de pequeños malverdes, escapularios, pedazos de pelo, fotografías de camionetas, veladoras y canciones… no pude evitar sentir extrañeza. Decidí comprar una pequeña foto de Malverde (único souvenir de Culiacán por la fabulosa cantidad de 5 pesotes), al quererla guardar en algún lugar seguro busqué en mi bolsa. Me topé nuevamente con Santa Evita, no pude evitar sonreír. El sin sentido de mi excursión por tierras norteñas culminaba con la presencia de dos cultos aún más inextricables. ¿Eva Duarte y Jesús Malverde? ¡Vaya parejita! ¿Cómo es que habían podido ser considerados santos? ¿Qué representaban estos cultos? ¿Cómo encajaban en mi vida, mi universidad, mi viaje? ¿En América Latina?

Navolato1 y las reverberaciones de lo sagrado

Lo que pretendo con este trabajo (y resalto pretendo porque no creo lograrlo) es analizar someramente cómo se concibe la santidad en América Latina. Utilizando únicamente dos personajes sintomáticos: Eva Duarte y Jesús Malverde. Analizo estas reverberaciones de lo sagrado como un reflejo de un quiebre social estructural de América Latina. Las creencias siempre se encuentran ligadas a una autoridad que las legitima. ¿Qué significan estas nuevas creencias? ¿Qué autoridades las legitiman? Claro está que mi trabajo es imposible, pretendo arrojar luz a hechos y estructuras históricas tomando como clave de lectura nuevos tipos de creencias. Utilizar el mito como objeto de estudio historiográfico. El mito se instaura en la incertidumbre, pertenece a la creencia, a la fe. Objetos que la historia no puede agarrar en su totalidad. No lo puede fijar.
Abordaré este trabajo bajo los presupuestos que Michel de Certeau propone en su libro La debilidad de creer. La creencia siempre se da gracias a un consenso, y este consenso funda por sí solo un sistema de autoridades. ¿Cómo analizar la creencia? ¿Cómo se construye el enramado de una nueva creencia? “Lejos de ser una irrupción incomprensible, esta resistencia manifiesta de otro modo lo que ya existía: la realidad de asentimientos que una elite tomaba por pasividad se vuelve visible al dirigirse a otra parte, cuando hasta entonces era investida con el lenguaje que garantizaba”2. Así, la instauración de una nueva creencia permite analizar un quiebre, un quiebre en las estructuras sociales, un quiebre en sus autoridades. Lo sagrado brinda una posibilidad para expresar lo que no se podría decir en otra parte. La religión ofrece un lenguaje que le da lugar a lo no-dicho. La nueva creencia (en este caso Evita y Jesús Malverde) se formulan bajo los presupuestos de un cambio estructural, afirman valores nuevos, reflejan la metamorfosis de la sociedad en la que se inscriben.

Nuevas autoridades, nuevas creencias: El síndrome Robin Hood

Como había planteado: nuevas creencias reflejan nuevas autoridades. ¿Qué autoridades legitiman el culto a Evita y Jesús Malverde? ¿Cómo es que nacieron estas creencias? América Latina siempre se ha encontrado en medio de la disputa entre ser bárbara o civilizada, tradicional o moderna. Pero ¿cómo es el poder latinoamericano? ¿A quiénes representa? América Latina se define como una sociedad de rupturas, desigualdades, represiones, intolerancias. Se ve en la necesidad de recrearse, reinventarse constantemente. Así tomo como punto clave de lectura la cultura popular, dejando de lado toda la discusión acerca de ¿qué es cultura? ¿Se puede hablar de una cultura popular? Manejaré como cultura popular el entramado de imágenes, lenguaje, música, etc., que no se encuentran legitimados por la elite (la “civilizada”). En palabras bastante toscas y pasadas de moda, la cultura de los de abajo. Claro que mi propuesta es cuestionar ¿quiénes son “los de abajo”? ¿Realmente se encuentran en un lugar desaventajado? ¿Carecen de poder? O más bien, lo que estas nuevas creencias reflejan, mediante sus corridos, sus milongas, sus graffiti y sus peregrinaciones, es que son bastante poderosas. Los santos de los “pobres” reflejan el poder de los “pobres”. ¿Quiénes son los pobres en América Latina?
Y aquí empieza todo, los nuevos santos ayudan a los pobres, roban a los ricos, se casan con ellos, todo por y para el pueblo. Aquí presento dos citas, la primera de un corrido norteño – Jesús Malverde – y la segunda del libro de Tomás Eloy Martínez – Evita –.
“Voy a cantarles la historia / de un hombre muy conocido / de nombre Jesús Malverde / un generoso bandido. / El nunca conoció el miedo / pues donde quiera robaba / asaltaba diligencias / y a los pobres ayudaba…”3
“- Muerta – dijo -, esa mujer es todavía más peligrosa que cuando estaba viva. El tirano lo sabía y por eso la dejó aquí, para que nos enferme a todos. En cualquier tugurio aparecen fotos de ella. Los ignorantes la veneran como a una santa. Creen que puede resucitar el día menos pensado y convertir a la Argentina en una dictadura de mendigos”4.
¿A poco no es el síndrome de Robin Hood? ¿Cómo denominaban a Evita? La Robin Hood de los cuarenta. Los santos actuales son pobres, en América Latina ya no se puede pensar en un santo “burgués” o adinerado de nacimiento. La latinidad venera la construcción de la riqueza, el nuevo modelo a seguir es: nacer pobre, ganar dinero de cualquier forma (siempre es mejor cuando unos cuantos riquillos salen perdiendo) y ayudar a los desfavorecidos. “El pueblo ya lo canta / Evita es una santa”5. Los “marginados” tienen cultos, tienen poder. “De Cualiacán a Colombia, ¡Que viva Jesús Malverde!”6

“N’ombre, si han pasado cosas increíbles. Yo por eso sí creo en él”7

Esta frase ↑ la saqué de un sitio de la Internet, en el cual se encontraban algunas opiniones de la gente acerca de Jesús Malverde. Lo que narra esta chica es que un día una señora que era ciega fue a la capilla de Malverde y le pidió que recobrara la vista, la plegaria la hacía mientras frotaba sus ojos y los de la estatuilla de Malverde. Después de un tiempo recobró la vista. Pero cuando le dijeron que había sido Malverde quien le había regresado la visión, ella respondió que había sido a causa de los médicos. Argumenta que en ese momento volvió a perder la vista… Claro que pasan cosas increíbles. Lo sintomático de esta cita es su estructura. ¿La creencia se legitima en lo increíble? ¿Para creer en algo deben pasar cosas increíbles? ¿Qué justifica la veneración? “- No puedo, porque los santos no hacen milagros cuando están vivos. Hay que esperar a que se mueran y gocen de la gloria del Señor”8.
El segundo epígrafe de mi trabajo, el de lueguito, expresa otro síntoma. Cuenta la historia de un señor que pasó en su camioneta por un lugar en donde estaban rindiéndole culto a Jesús Malverde, el se asomó por la ventanilla y les gritó que no creyeran en un santo que ni siquiera había existido. Cuenta que en ese momento chocó… regresó a pedirle disculpas. ¡Malverde castiga!… Claro que castiga, está respaldado por toda una gama de narcotraficantes… yo también le pediría perdón.
Lo que convirtió a Eva Duarte en Santa fue también la creencia en una serie de milagros, el fenómeno de su piel, la luz brillante que emanaba del cuerpo muerto, la capacidad que tenía para inmiscuirse en vidas ajenas aun después de fallecida. “Para mucha gente, tocar a Evita era tocar el cielo”9. Se juntaron muchas reliquias de Evita, las que más me sorprendieron fueron los billetes besados, ya que representan todo el asunto de los pobres santos o santos pobres, su boca brinda la capacidad de tener suerte en la acumulación de dinero.

TV notas presenta: “Maria Eva del Arrabal”

¿Qué es un santo sino un modelo a seguir? Evita impone modas, establece (en cierto sentido) la moda de las Marías. ¿Qué Marías? Maria la del barrio, María Mercedes, Mari Mar…María Eva Duarte. La vida de Evita se estructura como una narración trágico-fantástica. Nace siendo bastarda (no reconocida por su padre), no muy agraciada, se quema la piel pero sucede un milagro: se recupera y posee una piel traslúcida. “Pero ningún milagro es impune. Evita debió pagar su salvación con otros insultos de la vida, otros engaños, otras desdichas”10. Vive en un pueblo rascuacho, es de una familia miserable, pero ella aspira a más… tiene perseverancia, el gusanito de salir adelante. Sale de su pueblo para ir a la ciudad a probar suerte en la radio, en el amor… es enamoradiza y desdichada, no correspondida. ¡Cómo sufrió nuestra Evita! Es enfermiza, pero encuentra a Juan Domingo Perón, quien la salva y se convierte en la defensora de los derechos de sus camisitas. Su querido pueblo argentino… bonita historia ¿no? Un hit comercial, ¡Cenicienta se ha hecho latina!
¿Qué pasa si ahora cito las canciones de dos telenovelas mexicanas?
“Y a mucha honra / María la del barrio soy / la que de escuincla quedó resola / y pa’ cambiar su suerte / de su barrio querido se fue / pa’ poder comer […]”11.
“María la del barrio soy / cuanto sufre mi herido corazón / María la del barrio soy / quería Dios mi pecado perdonar / María la del barrio soy / para que vuelva la felicidad”12.
“María Mercedes, / la vida te premiará, / tu ya lo verás […]”13.
Y es que somos tan pobres… pero los pobres llegarán ya lo verán, llegarán por el arco del triunfo tocando la tambora. “Desde Navolato vengo, dicen que nací en el Roble, / me dicen que soy arriero porque les chiflo y se paran, / si les aviento el sombrero ya verán como reparan, / ¡Ay, ay ay, mamá por Dios!”14 La vida de Evita ¿no es la misma que la de cualquiera de esas Marías tele-novelescas? Jesús Malverde y Santa Evita son síntomas de una sociedad que establece nuevas reglas a seguir… Yo creo en lo que me funciona, en lo que me da esperanza. “La religión, remodelada por el uso que se hace de ella, sirve de alegoría a un malestar de la civilización”15.

Ya ni yendo a bailar a Chalma…

Regreso a mí, a mi vida, mis amigos. Creo que este trabajo también sufrió una maldición, aunque todavía no sé por cuál de los dos santos. La primera vez que lo hice y ya tenía una sonrisa en la cara, en medio de un concierto con humor histriónico recibí una llamada que me informaba que unos ladrones se habían metido en mi departamento: mi computadora desapareció (0 y van 3, 3 computadoras robadas en la ciudad de México). ¡Adiós trabajo! Segundo intento… misteriosamente se borra. Pero cómo siempre he creído en los dichos populares “La tercera es la vencida”… “dicho y hecho”, o al menos eso espero, estoy acabando y si Dios me quiere (creo que sí) acabaré este trabajo y lo entregaré sano y salvo en manos de mi profesor.
¿Por qué cuento de mi robo? ¿Para buscar compasión? Supongo que en parte sí, pero también para hacer hincapié en qué sociedad se instauran estos cultos. Una sociedad donde siempre sucede algo inesperado… se vive en la incertidumbre. Se tiene que luchar contra la pobreza. “Uno se encomienda a Malverde, porque no se sabe cómo le vaya a uno. Uno anda por allá en el peligro”: Los fugitivos music.
La sociedad latinoamericana actual tiene que buscar respuestas, necesita creer. La frase de Daniela Whaley que utilizo como tercer epígrafe, refleja la enfermedad. No me sorprende que en medio del fatídico viaje a la ciudad de Culiacán, la misma Daniela y yo terminamos cantando en el centro de la misma ciudad, frente a un aparato bastante irreverente:
“Se marchitó
Me marcho hoy
Yo sé perder
Pero ay, como me duele
Ay, como me duele”16

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