Para los que prefieren andar a gatas: Gloria Trevi y el posmodernismo

Últimamente unos amigos nos hemos dedicado a hacer un recuento exhaustivo de la discografía de Gloria Trevi. Todo comenzó un día, cuando después de varias cervezas, alguien cantó “La papa sin catsup”. A todos nos hizo click inmediatamente: el hecho consistía en que todos habíamos crecido bajo el brutal influjo de “La Trevi”. Recuerdo con extrañeza sus contoneos en el Canal de las Estrellas, la moda de pantalones rotos y zapatos viejos, pero detrás de todo el folklor: la angustia.

¿De dónde provenía esta angustia que me acecha cada mañana, la angustia de no vivir una “vida llena”? Le daba vueltas al asunto, me despertaba tarareando Dr. Psiquiatra, Agárrate… no lo entendía. Hasta que leí “La era del vacío” de Gilles Lipovetsky; quién me llevó de la mano para darle un vistazo al posmodernismo y darme cuenta de que Gloria estaba latente en cada página. Me recordaba innumerables pláticas con una amiga, las cuales siempre llegan a la misma conclusión: irnos, ¿qué a dónde? Eso no importa, lo importante es huir de nuestra “vida a medias”. ¿Cómo es que mis amigos y yo llegamos a gritar a todo pulmón: “No, no, no, no estoy loco, sólo estoy desesperado”? Al fin y al cabo, la pregunta es: ¿Qué significa haber crecido en un mundo posmoderno?

El eje principal del libro, como de este mismo ensayo, es la tesis siguiente: “Vivir libremente sin represiones, escoger íntegramente el modo de existencia de cada uno: he aquí el hecho social y cultural más significativo de nuestro tiempo.”1 La era posmoderna se rige por el narcisismo. El individuo tiene que auto-satisfacerse, por lo tanto, el sentido se pierde con la falta de re-afirmación. Esta es la mecánica de la era del vacío.

Es tiempo de menearnos al ritmo del “Pelo suelto” y ver qué tan despeinados acabamos. Empecemos con “La acera de enfrente”, en donde Gloria nos señalará una por una fresas, cuerdas, feas, mensas, barberas, burguesas, amargadas, apretadas, matadas, castas, calladas, tibias, frías y santitas. “A la que le quede el saco­­/ de lo que he mencionado/ siga caminando/ del lado equivocado./ Pero todas las fuertes/ y las inteligentes/ vénganse conmigo/ a la banqueta de enfrente.”2 ¿Qué pasa con la niña que se siente burguesa, amargada, apretada, casta, callada y tibia? ¿Por dónde podía caminar? Respuesta: la rebeldía, pero la rebeldía impuesta, la vanagloria de la autenticidad.

¿Qué pasa si me despierto un día y sólo hice las cosas que debía hacer y no las que quería hacer? ¿Soy un borrego más? El odio a la imitación provoca una auto-análisis exhaustivo de todas las pequeñas tareas que realizamos diariamente. La expresión total del individuo nos obliga a decir fervientemente: “Me gusta todo lo que sea sincero/ Yo soy real y no tengo reverso”3. “El culto a la espontaneidad estimula a ser “más” uno mismo, a “sentir”, a analizarse, a liberarse de roles y complejos.”4

Una vez más platicas sobre el pasto: una amiga llegó con cara triste, le pregunté qué era lo que le pasaba – “Desaprendí a estar sola, estuve todo el verano con mis amigos y lo disfruté tanto que ya no sé cómo estar sola”. ¿Cómo puedo ser un individuo “total” si necesito de los demás? “En el recuento de los daños/ del terrible choque entre los dos…/ del firme impacto de tus manos/ no sobrevivió mi precaución.”5 El posmodernismo se declara como: “[…] nacimiento de una cultura cool en el que cada cual vive en un bunker de indiferencia, a salvo de sus pasiones y de las de los otros.”6Las murallas son nuestro refugio. “Agárrate a la vida,/ agárrate, agárrate, agárrate/ porque si no te tiran…”7

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