Tzajalchen, Chiapas

Fue con su ritmo pausado

y manos de leopardo taimado

que logré ver pequeños mundos

en las crestas de los gallos.

Olí la respiración de los perros cansados,

Y entendí que el humo se reviste del color

Púrpura zapote.

Con sus pláticas espirales comprendí

Que las angustias, como elotes, se desgranan.

Observé el tremor líquido de las montañas

Y el velo que cuaja nuestros horizontes

Dentro de la misma tierra.

 

A lo lejos,

escuché el canto que se entona

en honor de los que nunca vivieron,

Saboree las lagrimas que sigilosas

Se enraizaban en las cruces.

Entendí que el abismo se ve

En el momento en que las pestañas se entrecruzan.

 

Aprendí,

que mi boca, tu boca y la piedra

residen en el poderoso país de lo nuestro.

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