Carta #2

Nosotros nunca necesitamos de cartas. Todo estaba dicho desde un inicio. Los dos nos negamos a aceptarlo. Decidimos desde la primera caminata que aquel sería un gran amor, a pesar de él mismo. Ajustamos nuestros pasos y nuestras voces a la idea de una lluvia cálida. Queríamos que aquel atardecer se convirtiera en amor y nos empapara. Cuatro años no nos bastaron para seguir intentándolo. Buscando aquella promesa que nunca estuvo. Fuimos perfectos arquitectos de burbujas, manufacturamos un mundo que se ajustara a todos nuestros deseos y quejas sabiendo que un pequeño golpe nos dejaría sin techo y sin piso. Pero ahora te pregunto, casi cotidianamente, ¿por qué? Por qué no nos quedamos juntos y admiramos como todo se desmoronaba. Yo fui la que dije no más, pero tú fuiste el que actuaste primero. Los dos nos llenamos de asco. Fueron demasiadas las confesiones. Tú me conocías mejor que yo y eso me llenaba de odio. Ahora es lo que más extraño. Extraño la manera en que te burlabas de mis laberínticas ideas. Supongo que extrañas cuando te abrazaba mientras cocinabas huevos en las mañanas. Extraño la forma en que cerrabas la ventana para que durmiera tranquila. Te escribo para decirte que estoy cansada. Estoy atiborrada de cansancios. Quisiera, algunas noches, sentir tus labios en mi espalda.

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