Personaje #1

Su nombre completo era Nicolás, se autodenominaba Nic en uno de esos gestos “cool” de no mostrar interés por su nombre propio. La primera vez que ví a Nic me impresionó; era un joven alto que mostraba ser cordial y tenía un aire de superioridad a los demás. Vestía un pantalón holgado estilo japonés y tenía una manera rítmica de moverse. Él se levantó inmediatamente para ofrecerme una taza de café. Yo acepté la taza de café sabiendo de antemano el efecto que la cafeína tiene sobre mí. Nos sentamos a la mesa, él no dijo mucho, estuvo sentado en la mesa con una parsimonia digna de un señor de 60 años. Eso fue todo, Nic parecía uno de esos personajes callados que tienen un mundo interior digno de ser explorado. Viví con Nic por cuatro meses, en esos cuatro meses no pude sostener una conversación que durará más allá de 20 minutos. Todos los temas con Nic terminaban vertiginosamente, o al menos, así pasaba conmigo. Le gustaba jugar con sus manos, encontrar el ángulo perfecto en donde hacer que todos los huesos embonaran a la perfección. A Nic le gustaba la precisión externa. El movimiento pensado de la cuchara en el café; calculaba el desplazamiento preciso que representara el menor esfuerzo y luciera lo más estético posible. Estética de samurái japonés. Supe que su padre murió cuando él era todavía un adolescente, entendí que ese había sido el dolor más fuerte por el que había vivído. Intuí que los mejores momentos de su vida los pasó con una novia con quién viajó por las montañas de Sudamérica. La novia era la que tenía ganas de explorar el mundo. Él tenía la idea de ser un explorador pero realmente prefería explorarlo a través de videos documentales desde su sofá. Nic consideraba sus días como una obra de arte. Se consideraba  a sí mismo el “maestro” de un arte única: la manufactura de corazones. Para mí todo eso se sentía falso, no podía entender cómo es que él consideraba que su vida era plena. Cotidianamente fumaba marihuana hasta poder olvidar el día y después tomaba un poco de café para sentir el calor en la garganta. Así pasaba los días, escuchando música, fumando marihuana, tomando café, haciendo corazones. Nic tenía 30 años, me hubiera gustado haber platicado con él cuando tenía 18; supongo que sus sueños eran más grandes en ese entonces. Era una de esas personas que van perdiendo profundidad conforme pasan los días porque se han aferrado a la grandiosidad de su pasado. Tal vez eso nos pasa a todos, tal vez la época más próspera de nuestra vida fue cuando teníamos 16.

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