Pixie líquida

Publicado en Fractal (60), 2010. http://www.mxfractal.org/RevistaFractal62FridaRobles.htm

“El kipple nos había pillado. El kipple es el último principio del universo.
Todo es kippeable. Todo tiende al caos y, después, a la destrucción.”
(Ruy Xoconostle, 2001)

“Sunday morning is everyday for all I care … / And I’m not scared” (Nirvana, 1992)

Ruy Xoconostle, autor contemporáneo de la literatura mexicana, narra en su novela Pixie en los suburbios un mundo desgarrado desde dentro; la vida desesperanzada de alguien que parece haber nacido para estar simplemente “xodido”. Mediante las reflexiones/mentadas-de-madre del personaje/narrador, Xoconostle profundiza los deseos cortados y la angustia que el mundo contemporáneo plantea. Es, a través de la sátira, la ironía y el lenguaje soez, que el autor refiere un mundo empedernidamente consumista; donde detrás de las risas suscitadas al lector se encuentra una crítica salvaje de nuestras propias vidas. Al leer esta novela como una crítica del México contemporáneo, me pareció relevante asociar sus enunciados con los postulados del sociólogo polaco Zygmunt Baumann. Específicamente la tesis sobre las sociedades líquidas, descritas en el libro Modernidad líquida; en donde se problematiza la identidad, el consumismo y los regímenes de control del mundo actual. Proponiendo un juego chusco con la lectura, me pareció sugerente utilizar algunas de las reflexiones de un libro de superación personal; ya que el personaje de la novela parece desobedecer abiertamente cada uno de los consejos de estos libros de anaqueles de restaurante. La irrupción de tantos libros que guían, o pretenden guiar, la vida de los habitantes del mundo contemporáneo; la consideraré como un síntoma social que revela al menos una de sus grietas: el descontento. Éste será el juego, un pseudo-diálogo entre Xoconostle, Baumann y Pagels (autor del libro Un cielo sin nubes). Que comience la función.

Conserva vivos los deseos y los sueños

Como es notorio, tomaré algunos de los títulos de las reflexiones de Douglas Pages a manera de apartados. Empezaré con la problemática de los sueños y deseos en las sociedades líquidas. Antes de decir cualquier cosa, es necesario explicar de dónde surge esta noción de liquidez social de la que habla Baumann. En resumidas cuentas, él explica que el capitalismo ha tomado dos formas sociales: la sólida y la líquida, la primera surgió de la modernidad plena, cuando aún existía una noción de orden, progreso y objetivos. El momento del capitalismo sólido era aquel que cohesionaba a una sociedad alrededor de valores morales específicos, como el amor al trabajo para un fin común. Con el colapso de los grandes meta-relatos o ideologías, la modernidad se tornó líquida. ¿Qué quiere decir esto? Que la sociedad dejó de tener un envase sólido en el cual contenerse, los valores como los objetivos ahora fluyen sin poder fijarlos. Las tarjetas de crédito son un buen ejemplo de un capital líquido característico de esta modernidad contemporánea. En la modernidad líquida tanto las personas como los valores son fácilmente remplazables, mutan de manera constante.
Ahora pasemos a los deseos, deseos y sueños líquidos. Pagels habla de conservar vivos nuestros sueños y deseos, designio imperativo para lograr el éxito en la vida, para conservar la calma ante las inclemencias: “A medida que avances, no temas hacer lo que alguna vez te pareció imposible, aunque los demás piensen que no alcanzarás el éxito.” (Pagels 2000, p.19). El simple hecho de que un libro te tenga que recordar que debes tener sueños podría parecer sorprendente; esto deja ver un mundo cuyos habitantes están perdiendo la capacidad de desear (no sé qué diría Freud o Lacan al respecto). Pero tal vez no son los sueños los que se escapan, a lo mejor los que se escapan son esos deseos de felicidad y alegría de los que habla Douglas Pagels. “Y yo dije que sí. El muy pendejo. El gran pendejo de mierda” (Xoconostle 2001, p.112).
Baumann insiste en que la modernidad líquida plantea un mundo lleno de posibilidades móviles, y es uno el responsable de salir en su búsqueda, de inventarlas o de angustiarse por no encontrarlas. La verdadera angustia radica en la imposibilidad de satisfacer todas esas posibilidades que supuestamente se encuentran abiertas, al momento de escoger un camino estás absolutamente consciente de estar abandonado aquel otro, aquel que parecía tan maravilloso. Así, la recta final de cualquier camino elegido se viste de mera insatisfacción, incompletud por no poder abarcarlos todos. Tal vez esta modernidad es muy adolescente. “Todo el poder de motivación del deseo residía en esa insatisfacción. Finalmente, y mantenerse con vida, el deseo tuvo que desear sólo su propia supervivencia” (Baumann 2006, p. 168).
Pixie en los suburbios está plagada de deseos y sueños, aunque no estoy segura de que Pagels vitorearía aquellos del personaje principal. Tal vez el deseo de pisotear tu vida actual, de cagarte en todas las autoridades no sea la ruta más adecuada para conducirte a una vida plena. La trama de la novela es peculiar, el gran dilema al que se enfrenta el personaje es uno que él mismo se ha impuesto y del que escapa por simple desidia. La novela se estructura combinando narración en primera persona, monólogo, diálogo e, incluso, monodiálogo. Resulta interesante que, gracias a esta estructura narrativa, la aparición de cualquier personaje secundario resulta inverosímil, lo narrado parece una invención del personaje principal; casi como una ensoñación; los supuestos diálogos son, en cierto sentido, prácticamente monólogos: “Oye… ¿no teníamos un robot? ‘Sp, greniabod y frobtt.’ Tomé eso ultimo como un sí.” (Xoconostle 2001, p.138). También los deseos planteados en esta novela se formulan como hologramas, como cascarones de un verdadero deseo. “Sé que es una ociosidad, pero realmente me devanaba los sesos tratando de imaginar cómo le hacía pitoseco para follarse a mi Pixie, a mi Pixie nalgasperfectas, a mi Pixie rostrodeángel, a mi Pixie meveobiendepants” (Xoconostle 2001, p.127). Lo que no está ahí es perfecto, lo que sí está es nauseabundo.
El deseo líquido del personaje principal es un deseo por objetos o personas líquidas a su vez. Pixie no existe, Pixie es sólo una ilusión, una suerte de placebo de deseo. ¿En qué radica la supuesta perfección de Pixie? En ser muy similar a un personaje de las comedias románticas al estilo Hollywood. “La vida en la pantalla empequeñece y quita encanto a las vidas vividas: es esta última la que parece irreal, y seguirá pareciendo irreal en tanto no sea recuperada en imágenes filmables” (Baumann 2006, p. 91). Xoconostle deja clara la influencia de la televisión estadounidense, la cultura de los afiches y las celebridades, en la novela aparecen recurrentemente Drew Barrymore, Steven Spilberg, Lara Croft, Donkey Kong, entre otros. Los personajes vacíos de las películas taquilleras son las estampas con las que se mide el valor y la belleza de los personajes que rodean al narrador. “Pixie opacaba a Minnie Mouse” (Xoconostle 2001, p.129).
Los deseos del personaje giran en torno a la posibilidad de abandonar la vida como la conoce, pero tampoco existe un sueño fijo del porvenir, éste cambia prácticamente con los designios de la vestimenta de Pixie. La vida también es narrada con tintes cinematográficos. Xoconostle, en momentos, utiliza recursos propios del lenguaje de la gran pantalla: “Flashback: ‘¿Y quién va a limpiar?’ ‘El robot, hombre, deja de xoder. Vete a dormir.’ ¡Ajá! Fin del flashback.” (Xoconostle 2001, p.138). La televisión no aporta únicamente personajes sino estructuras literarias, diálogos, reflexiones e intersecciones. Los habitantes del mundo líquido vivimos tan inmersos en al televisión, la computadora, la música, que incluso conocemos mejor las historias de amor caricaturescas que las propias, si es que las hay. Un perro, en la novela, se plantea como más afín al personaje que la propia esposa. “Pifas es buena onda. Es un perro. Es imposible ser mala onda cuando eres un perro. ‘Dogs have personality’, dice Jules en Pulp Fiction. ‘Personality goes a long way.’ Amén” (Xoconostle 2001, p. 139).
Los sueños líquidos –que no mojados– se evaporan ante cualquier posibilidad de cambio. No existe real compromiso en las relaciones que se establecen con personas vistas como simples mercancías a consumir. La vida se define por contratos temporales, en un simple mientras tanto. Como argumentarían personajes de la serie televisiva Sex and the City: “no tiene que ser mister right, sino mister right now”. Los deseos del personaje distan de ser constructivos, él desea matar a su esposa, rebanarla en pequeños trozos, patear a su jefe, cagar sobre su suegro; su único deseo radica en despojarse de su propia vida y de todo lo que conlleva. “Yo no me quería casar. Yo no quería decir sí. Yo quería salir corriendo y esconderme y quemar el esmoquin y rentar Never Been Kissed en un estanquillo de Blockbuster y masturbarme viendo las lonjas de Drew Barrymore. Yo quería jugar a Pokémon Silver en mi Game Boy. Yo quería volver a mis largos domingos vacíos.” (Xoconostle 2001, p.115).
El autor satiriza, incluso, la ida a un supermercado; sugiriendo que se puede establecer una relación sexual mucho más satisfactoria con una papaya o un mamey; concluyendo que prácticamente cualquier producto de recaudería puede ser más interesante que una persona de ‘carne y hueso’.

Celebra todo lo que eres

La acuciante demanda de Pagels, “celebra lo que eres”, alude a un individuo desvalorizado. La modernidad líquida ha instaurado un régimen de consumismo sin sentido, en donde incluso el individuo se compra. Tomar un par de zapatos del anaquel de un centro comercial equivale a una decisión sobre tu individualidad. El personaje principal siempre se queja de sí mismo, de su inseguridad, de su fragilidad. En resumen, hace todo menos celebrarse. “Ésta es la historia de cómo me obligaron a casarme con Midyet […] Eso no tiene nada de extraño, considerando que soy un hipócrita, un taimado y un facilón” (Xoconostle 2001, p.112). Al tener abierto un “mundo de posibilidades” cualquier individuo se pregunta incansablemente por haber hecho lo suficiente, por haber aprovechado ese grandioso mundo. La aporía surge en la imposibilidad de abarcar todas esas posibilidades. El supuesto éxito radica en aprovechar al máximo el potencial de tu vida y al ser esto irrealizable, lo único que resta es un individuo disminuido.
El libro de Ruy Xoconostle es un libro generacional. Describe hombres poco masculinos, a quienes lo único que les resta es masturbarse con una revista teen en el baño de sus padres. Hombres que tienen que rendirle cuentas a su madre al otro lado del país. Hombres cuya única felicidad es tumbarse frente al televisor. De las mujeres en Pixie en los suburbios se puede hablar poco, ya que más allá de heroínas de manga (tiernas y de playeras ajustadas) o simples neuróticas desquiciadas –“Si Marpis es un dolor en el culo, Debbie es como un tigre que de un zarpazo te arranca las dos nalgas” (Xoconostle 2001, p.120)–, no existe un personaje femenino realmente construido. Esto se debe al hecho de que la novela se estructura en una suerte de monólogo, en donde todo personaje alejado del narrador parecen meros hologramas, estereotipos tan encapsulados que asemejan una tira de dibujos animados.
Ningún personaje de esta novela podría celebrar su identidad, si ésta existiera. “‘Hola soy Mandito, el lelamoloshuevosalsuegro’” (Xoconostle 2001, p.120). Las palabras de Pagels son meramente ridículas si se tratan de empalmar con las declaraciones de Pixie en los suburbios, “Eres una persona maravillosa y competente, cuyas oportunidades habrán de llegar, cuyas metas serán alcanzadas y que creerá en muchas cosas bellas” (Pagels 2000, p.23) Los personajes de la novela son meros pusilánimes ante aquel poder más fuerte: lo correcto. Cada uno sucumbe ante su propia idea impuesta de lo correcto, ya sea el trabajo, el dinero, el deporte, etcétera. “Soy un cobarde. No digo lo que pienso por temor a que me señalen” (Xoconostle 2001, p.126). Nadie está conforme con el estado actual de las cosas, existe una imperante necesidad de seguir: yendo, comprando, ganado, obteniendo.

Salimos a “comprar” la capacitación necesaria para ganarnos la vida y los medios de convencer a los potenciales empleadores de que poseemos esa capacidad; a “comprar” la clase de imagen que nos convendría usar y el modo de hacer creer a los otros que somos lo que usamos; a “comprar” maneras de conseguir los nuevos amigos que deseamos y de librarnos de los amigos que ya no deseamos, maneras de atraer la atención y maneras de ocultarnos del escrutinio, maneras de extraer mayor satisfacción del amor y de no volvernos “dependientes” del amado o el amante, maneras de ganarnos el amor del amado y terminar de la forma menos costosa esa unión cuando el amor se esfuma y la relación ya no nos complace […] (Baumann 2006,p. 80).

Planifica tu viaje día por día

Pagels sugiere una planificación exhaustiva de la vida, esto refleja un desasosiego que busca invariablemente certidumbre. Para Baumann, la modernidad líquida se caracteriza por el descubrimiento social de ir en rumbo desconocido, de la inexistencia de aquel guía verdadero que nos conducirá a buen fin. Argumenta que en el capitalismo sólido, los integrantes de la sociedad se dedicaban a sus respectivas tareas, ya que todos tenían certeza que alguien o algo se encontraba a la cabeza tomando las decisiones; las demandas se restringían a acelerar la llegada a ciertas metas o la inconformidad con cierto régimen para establecer uno distinto. En el capitalismo líquido, las personas ya no conciben a un líder que los guiará a la utopía en turno; al no existir un enclave maestro (llámese Dios, Doctrina, Progreso, Comunismo, Democracia, Padres, Presidente) únicamente resta el sentimiento de viajar a la deriva. Por lo mismo se sobre-conscientiza cada una de las decisiones a tomar. Si cada quien es responsable de su vida, también lo es de su desmoronamiento. “Era un pobre comemierda llevando en brazos a una desconocida a mi hogar, al departamento que, con tanto esfuerzo, páginas web y catálogos de telemarketing había acondicionado” (Xoconostle 2001, p.118).
Los quizzes y recetarios paso a paso para alcanzar el orgasmo, juzgar a tus amistades, conseguir el mejor empleo sin suscitar envidias, conseguir al chic@ que te gusta sin parecer un acosador, están a la orden del día. La sociedad líquida se mide diariamente en un suerte de “riesgómetro”: cómo alcanzar lo que deseas o algo que se le aproxime sin salir dañado, sin arriesgarte. No por nada vivimos en una sociedad regida por economistas. “En nuestros tiempos modernos, en los que Dios se ha tomado una larga licencia, la tarea de planificar y hacer cumplir el orden ha recaído sobre los seres humanos” (Baumann 2006, p. 61).
La ecuación, planificación = vida sin riesgo = felicidad = ¿presentismo?, salta a cualquier lógica simple; si el objetivo es disfrutar el presente – al menos eso dice el libro de superación personal, “El presente está lleno de una asombrosa gracia que espera que tú la vivas” (Pagels 2000, p.29)– ¿planificar no significaría postergar el resultado anhelado? El personaje principal de la novela vive ideando planes, ya sea patear a su jefe, robarse a Pixie para juntos vivir un vida (lo que sea que esto signifique), decirle a sus padres cuánto los odia. “Mi ‘hobbie’ era planear formas de asesinar a mi esposa. Deshacerme de ella de una manera sangrienta y escandalosa. No me importaba que el mundo se enterara. Que me encarcelaran. Lo único que buscaba era no verla de nuevo. No despertar otro día y tenerla al lado, con su rostro desfigurado y sus comentarios llenos de saña y su ano en mi nariz, soltándome un chorro diarreico” (Xoconostle 2001, p.118). Al buscar un presente pleno, dado que el futuro es mero paraje nebuloso, lo único que se logra es postergarlo siempre a un futuro inmediato en donde sea posible resolver todos los riesgos imaginados. Al no llegar a ese futuro próximo, por ser mero porvenir, el presente se vive, pero únicamente en los confines del plan, en las elucubraciones utilitaristas. El escape más próximo, con una supuesta menor tasa de accidentes por minuto, es el centro comercial. “Desean por una vez, estar libres del temor a equivocarse, a ser desatentos y desprolijos. Por una vez quieren estar seguros, confiados, confirmados, y la virtud que encuentran en los objetos cuando salen de compras es que en ellos (o así parece, al menos por un tiempo) hallan una promesa de certeza” (Baumann 2006, p. 87).

Conclusión: el domingo

Como he dicho anteriormente, Xoconostle escribe una novela generacional, en numerosas ocasiones el personaje-narrador intenta establecer el nombre de dicha generación: Generación Del No Lo Sé, Generación De Sobreeducados, Generación Cobain, entre otras ocurrentes etiquetas. A la última se podría anexar una reflexión; el personaje-narrador argumenta que el único verdadero héroe de esta generación es Kurt Cobain, innecesario informar de su condición de cantante de grunge-heroinómano-depresivo-suicida. Hito de esta sociedad líquida, salta a la vista cómo es que una persona que se voló el cráneo con una escopeta se convierta en héroe generacional. Las canciones del grupo Nirvana expresan el descontento líquido, no es difícil imaginar a los personajes de Pixie en los suburbios cantando con pasión desembocada Smells like teen spirit. Cobain al igual que el personaje principal de la novela encuentra una fijación extraña con los domingos: “Yo me quejaba de que mi vida personal se había acabado. Yo me quejaba de que los largos domingos vacíos ahora eran los largos domingos llenos de mierda” (Xoconostle 2001, p.137). ¿Por qué el domingo? Será por ser el día designado para el ocio des-constructivo, por ser el día de estar tendido ininterrumpidamente en el sofá ante la transmisión televisiva, por ser el día de las compras familiares, el día de la masturbación mental, de la creación de ese futuro próximo y feliz. Para el personaje principal el domingo es el día de la reflexión inoperante, día de evaluación de su vida (líquida).

Ésa era mi vida.
En otra vida eres bien parecido.
En otra vida tu cuenta bancaria siempre tiene dinero.
En otra vida nadie te obliga a casarte.
En otra vida tus amigos nunca te decepcionan.
En otra vida todos tus chistes son graciosos.
Pero ésta es tu vida (p.127).

Bibliografía

Ruy Xoconostle, Pixie en los suburbios, Editorial Joaquín Mortiz, México, 2001.
Douglas Pagels, Javier Vergara Ed., Un cielo sin nubes, Argentina, 2000.
Zygmunt Baumann, Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2006.

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