La Habana

La Habana pareciera ser todas las ciudades en una. Es París de noche. Es Suecia y la tranquilidad de sus parques. Es todos los barrios pseudo-intelectuales de cualquier país “en vías de desarrollo”. Es el Bronx neoyorquino. Es árboles verdes y fachadas color pastel. Es la ciudad de verano de mi infancia. Es barrio, reguetón y salsa. Es parqueadero lleno de humo y pizza de queso blanco.
Pasearse por las calles habaneras es escuchar quedo los rezos ateos de sus edificios. La Habana es Kinshasa y Accra y sus niños. Es la hospitalidad del Cairo. Es Mumbai y su bahía; es las frondosas avenidas que acogen embajadas europeas en Nueva Delhi. Es la Cartagena desordenada de las Indias. Es la Ciudad de México de las fotografías de mis abuelos. Son los recuerdos de la Lima en toque de queda. Es Bogotá sin Bogotá. La traza damera de sus calles exige a sus habitantes entender las reglas del dominó y del ajedrez. Es la Brasilia de mitades del siglo XX. Es los multifamiliares porteños vistos desde un taxi que viene del aeropuerto. Es una señora tranquila y gorda de las montañas del sur de Italia.
La Habana es Barcelona, Quito, Montevideo, es, incluso, Udaipur y Praga. Pero eso sí, ninguna de estas ciudades nunca valorará sus esquinas como lo hace La Habana. La esquina habanera es el punto de referencia, la marquesina, el encuadre de las historias de aquella ciudad que conoce lo que es vivir en una encrucijada.
La Habana sin esquinas sería como quitarle su deseo de adición; sería sustraer el “y” a todos sus letreros. Significaría erradicar su ubicación geográfica, sus millones de ombligos, sus árboles y sus paradas. El respeto a las esquinas es tal que Inclusive, en el siglo XIX, se desarrollaron los llamados esquineros, protecciones metálicas que las decoraban y protegían de los golpes de las carretas. Las esquinas son las fronteras vecinales, el espacio donde el grito cambia de tono y de destinatario. Las esquinas marcan los territorios de La Habana, pero eso no impide que sean el vehículo que empapa a las calles colindantes con sus semánticas. Ángulos como líneas de fuga, bayonetas; las esquinas son los hombros afilados de esta mujer terriblemente coqueta. La Habana sin esquinas estaría perdida.

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