Reinalda

¿Será que mi carne no es apetecible? Me preguntó Reinalda como una más de sus preguntas, entre filosóficas y absurdas, que solía hacerme después de mirar fijamente un punto de la pared de enfrente.

Como siempre, me quedé mudo ante la pregunta de Reinalda. No atiné más que a repetirle su pregunta a manera de respuesta. ¿Por qué dices que tu carne no es apetecible?

Llevo 40 años en este mundo y nunca nadie ni nada me ha mordido. Ningún perro jadeante de alguna esquina perdida, ni un bebé gateante, ni siquiera una vieja enojada o un amante sádico. Nadie ha nunca cruzado mi piel con sus dientes. Últimamente considero que las mordidas son la forma más tajante de reconocer al otro. De saborearlo y ver hasta dónde su carne puede ser rasgada. ¿A ti te han mordido? ¿Recuerdas lo que sentiste cuando te mordieron? ¿Sentiste una mezcla de asombro, vergüenza y tristeza? ¿O fue simple pánico y ardor? ¿O mero dolor físico? ¿Crees que es bueno morir sin haber sido mordido?

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