Los olvidados de la pulquería: La Paloma Azul

ImageAunque es claro que las pulquerías han sido un lugar de tradición limítrofe de los estratos sociales en la Ciudad de México y que, como tales, han sido lugar de resistencia a los designios de la “buena moral” y el “progreso”. Así, las pulquerías siempre vivas, siempre alegres y melancólicas como buenas mexicanas, han logrado que la convivencia y el amor por el ocio persistan en una ciudad tan caótica como ésta. pero bueno, más allá de hablar de las canciones, las mesas compartidas y de lo nutritivo del pulque; ahora me detuve a observar a los que para mi son los personajes límite de estos lugares: sus objetos.

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Los objetos de las pulquerías sirven como puente del convite pero son siempre olvidados, esquinados como mera utilería. Así, las mesas se apilan por las mañanas, las bolsas se convierten en esqueletos que alguna vez tuvieron alma y el periódico se convierte en papel de baño. Los objetos brillan por su mera practicidad, y aunque estéticos, no son vistos como tales. Es por esto que he decidido hacer un pequeño homenaje a estos objetos cotidianos, objetos pulqueros.

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Ciudad límite: entre la ruina y la novedad

La ciudad por haber sido una de las hijas predilectas de la modernidad está, desde siempre, destinada al fracaso. Condenada a la imposibilidad de su progreso, se encuentra siempre un paso atrás de su futuro, en el límite de su propio tiempo. Así, la ciudad intenta implacablemente de construir puentes, pasos a desnivel, vagones de metro más largos, parques aerodinámicos para encontrarse siempre y a cada paso con su frontera, su inutilidad.

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Las grúas cual monstruos cavernosos contemplan aventurarse a la demolición del pasado  en la perpetua construcción del otro pasado, el futuro. Vanos son los intentos de los alcaldes, de los obreros, de los ciudadanos en llevar a sus límites a esta ciudad y tratar de construir otra encima.

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Hombres con cascos caminan al borde de sus límites tratando de evitar su desgracia colocando fierros en sus heridas, tratando de conectar sus dientes de señora chimuela.

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Y nos vestimos de naranja ejército con deseos de enfrentarnos imperiosamente en contra de las tretas de la vacuidad. Así los límites de la ciudad se tornan, inesperadamente, en aquellos de su propia imaginación. Imaginación que siempre excede sus posibilidades. La ciudad se extiende gracias a su imaginación pero esta siempre se tornará en su contra para demostrarle la poca cosa en la que se ha convertido.

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