Love letters for free

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Photo by Alessandro Grassi

“I do not understand love stories”, was the starting point of an investigation about romantic love; followed by an act of public writing. During three months I worked as a scrivener at the Santo Domingo public square in Mexico City. My scrivener duty was to write love letters, for free.
Scriveners are the professionals that write letters or documents for legal purposes, or for people who cannot read or write. Mexico City still maintains this dying tradition and a community, of approximately 40 scriveners, goes to work everyday at the arcades of the Santo Domingo public square. This square was founded in the 16th Century as part of the catechist and urban activities of the Spanish colonial period in the -at the time- recently conquered Tenochtitlán. Being a temporary scrivener was for me a nostalgic act and, as well, a means to have a direct interaction with passers-by. The scrivener writes in the public space and his or her writing is affected by the other, the client.

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As the philosopher Alain Badiou states, love must be reinvented, but more importantly, it must be protected, because it is threatened by many fronts. Mexico, and many parts of the world, is currently experiencing alarming social situations where violence and gore showmanship are the currency of exchange for public discourse. What then can be elaborated from a public and written call to reflect on our ideas about love? Is love something more than the “romantic”? Can we think of love as a daily action? As a social setting? As a conscious act?

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Photo by Julio Llorente

El hotel

Todos los días camino de mi casa al hotel a las 7 de la mañana para regresar con las piernas y el cuerpo cansado a las 9 de la noche. El día empieza a aclarar a las 6 de la mañana; desde antes estoy despierta. Enrique se acuesta a mi lado, yo me despierto antes que él. Me gusta sentir su cuerpo pesado hundiendo la cama. Él siempre duerme profundamente y me abraza todas las noches, casi sin que él se de cuenta. Yo soy mucho más delgada que él, se podría decir que mi cuerpo es frágil si lo comparo con el suyo.

Me levanto de la cama sin que él se de cuenta y limpio la cocina, lavo y tiendo la ropa de los dos y preparo el café y un pan tostado para el desayuno. A veces desayunamos juntos, otras veces le dejo el café en el termo para cuando él se levante. Hablamos poco, Enrique y yo. Me despido de un beso en su mejilla. “Que te vaya bien” – me dice.

Camino con una sombrilla porque el sol es pesado incluso en la mañana. Hay días en que la niebla baja y puedo caminar tranquila he imaginarme que estoy en Europa, por entre las montañas. Recorro 5 kilómetros al día. Me gusta caminar, llega un momento en el que no siento el camino y podría seguir caminando durante días.

Llego al hotel y me pongo el uniforme, es un uniforme blanco, almidonado y planchado. A Enrique le gusta cómo me veo con mi uniforme de mucama. Yo nunca pensé que sería mucama de un hotel para turistas alemanes. Tampoco pensé que me casaría con un hombre como Enrique.

Empiezo por el sexto piso de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba hasta que termino de limpiar todas las habitaciones. Uno puede saber mucho de lo que pasó la noche anterior en el preciso instante en que uno abre la puerta y se encuentra únicamente con fantasmas. Me gusta como huelen las sábanas y las toallas de los hoteles, tienen ese olor dulzón por haberse lavado a altas temperaturas. Me esfuerzo por que la cama quede perfectamente tendida y me imagino que sentirán las parejas enamoradas al llegar a una cama diferente. Enrique y yo nunca tenemos suficiente dinero para ir de vacaciones.

Platico con Susy, la otra camarera. Nos prestamos libros y nos tomamos un jugo de naranja cada vez que terminamos un piso. Susy es tranquila aunque su hijo es un rebelde que le quita esa parsimonia. Susy decidió divorciarse hace unos años y dice que así está mejor. Para ella la independencia es no tener que rendirle cuentas a nadie.

Luis, el portero del hotel, me insiste en que deje a Enrique y me escape con él. Me asegura que tiene una casita en la montaña y que hará todo lo posible para que no me falte nada. Luis me sonríe todos los días y su sonrisa se asemeja al mar.

Hoy Enrique no se despertó para desayunar conmigo, le dejé el café en el termo como lo hago los días en que no se despierta. Hoy, como pocos días, hubo neblina, tanta que hasta la podía saborear con la lengua. Me gusta el color azulado de mi pueblo en los días de frio. Susy y yo nos tomamos nuestro jugo de naranja a mediodía y Luis nos llevó dos sándwiches de jamón con queso. El hotel estaba tranquilo, uno de los autobuses con turistas no llegó así que solo estaba ocupado uno de los seis pisos.

Salí temprano. De regreso compré un kilo de huevos con la señora de la esquina que me dijo que hoy había temblado. Me preguntó si lo había sentido. Yo le respondí que no.

Llegué a la casa y Enrique todavía no estaba ahí, sentado en el sofá como todos los días en que regreso del hotel. Preparé unos huevos en salsa de tomate. Ya eran las 9 de la noche y Enrique todavía no llegaba a casa. Me parecía raro. Comí sola, tenía hambre; ya que llegara Enrique le serviría su plato.

Que raro que Enrique todavía no llegue, pensé. ¿Será el cumpleaños de Pedro? No, no era el cumpleaños de Pedro, su fiesta siempre era en agosto. ¿Mi suegra estará bien? Llamé a su casa y me dijeron que ya estaba dormida pero que estaba bien. Les pregunté si habían visto a Enrique y me dijeron que no, pero que seguro estaba con sus amigos. Tenían razón. Siempre soy muy aprensiva con Enrique.

Me fui a acostar. De repente pensé en qué pasaría si Enrique nunca regresara. ¿Disfrutaría del hecho de ya no tener un esposo? ¿Me fugaría a la casita de Luis en la montaña? ¿Continuaría siendo camarera? ¿Buscaría a alguno de los turistas alemanes para que me llevara con él y tuviera una vida más tranquila? ¿Podría recorrer el mundo? ¿Qué le diría a mi familia, a mis amigas? ¿Ya nunca tendría hijos? Nunca antes había pensado en mi vida sin Enrique. Enrique era parte de mi panorama, de mis mañanas y de mis noches. ¿Cómo sería la vida sin Enrique? No sabía por qué pero la posibilidad de que Enrique se hubiera ido me excitaba un poco. Aunque, ¿por qué me habría dejado? Creo que soy una buena esposa; siempre lo escucho, lo mimo, le doy de comer. Enrique dice que le gusta como me visto. ¿Será que encontró a una mujer que le da más emociones? ¿Qué es rica y lo lleva de paseo? ¿Será que mató a alguien y se fugó? Mi excitación comenzó a tornarse en miedo y el miedo, vertiginosamente, en certeza. Sabía que Enrique me había abandonado y, con la misma certeza, sabía que seguiría yendo por el mismo camino todos los días rumbo al mismo hotel de todas las mañanas. Sabía que limpiaría los cuartos empezando por el ala izquierda del sexto piso y que me tomaría un jugo con Susy. No le diría a nadie que Enrique me había dejado. Continuaría mis días hasta llegar a una solución más adecuada. Tampoco le diría a Luis. La angustia ya había encontrado morada en la boca de mi estómago. Sabía que tenía un día muy pesado mañana así que me esforcé para quedarme dormida. También sabía que lograría vivir sin Enrique. Antes de conocerlo había estado bien, ¿por qué no habría de estarlo ahora?

Me desperté y me di cuenta de que Enrique dormía a mi lado, no quise despertarlo y fui a la cocina a lavar los trastes.

Cartas de amor desde la Plaza Santo Domingo

Creo fervientemente que el amor romántico ha destrozado mi vida y la de muchos otros. Ha creado un fantasma, una meta alegórica e inalcanzable que hace que todos mis días parezcan monótonos sin él. Imagino orgasmos mágicos, comprensiones milenarias, encuentros profundos como hoyos negros. Tengo 30 años y aun no entiendo de historias de amor. ¿Será que el amor como me lo han presentado es imposible? ¿Será que necesitamos desmantelar nuestras nociones de amor para poder, entonces, ser capaces de amar?

9 de noviembre 2
Foto: Francisco Betanzos

Una reflexión pública y participativa de nuestra configuración del amor es necesaria. Como diría el filósofo Alain Badiou, el amor debe ser reinventado pero aún más importante, debe ser protegido, porque se encuentra amenazado por muchos frentes. México está pasando por situaciones sociales alarmantes en donde la violencia gore y su espectacularidad son la moneda de cambio del discurso público. ¿Qué implica entonces hacer un llamado público y escrito para reflexionar sobre nuestras ideas en torno al amor? ¿Es el amor algo más que el “romántico”? ¿Se puede pensar al amor como un acto político? ¿Cómo una acción cotidiana? ¿Cómo una configuración social? ¿Cómo un acto consciente?

Video by Francisco Betanzos

Se escriben cartas de amor gratis en la Plaza Santo Domingo. Jueves, Viernes y Sábado de 16:00 a 19:00 hrs.

Improvised reflections on romantic love

Im addicted to romantic love. There it is. I’ve said it. Im addicted to remembering how fucking sweet your lips tasted because of the special cigarette paper you always bought. I’m addicted to think about your beautiful naked body holding me with absolute surrender. I remember your smile and your eyes and how you actually heard what I was telling you. That is not love, I repeat to myself, that is not love. Could someone tell me what love is? Is love a mother fucking dog eating us up while we dream of yesterday? Is love the best way of being melancholic?

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“What would have happened if Romeo and Juliette had never met?” You asked me. “They would have died anyways” I replied. We will all die. We will all forget. We will never love. So, here I am in a foreign country, with a foreign tongue and nothing else to do but to remember you and try to figure out if love makes life better or worse. Romantic love is for stupid people, they say. We are all stupid anyhow. We like to buy hopes and beliefs wherever they sell them.

Im addicted to romantic love, I repeat. It seems like the best excuse to suffer. What if we would run out of excuses to suffer about? Because pain is not the same as suffering. Life is painful but some of us decide to suffer. Is beauty located between suffering and lightness? Hanging from that line that only dancers can grasp by delicately moving their arms and legs?

I wish I had 10,000 tits so you wouldn’t get tired of licking them. Our bodies could dismember into a million and one tongues to touch every running thought that goes around when we make love.

I remember the time you fuck me in the princess room, I felt like a new born baby. You erased the woman in me to bring me back to an unsexed, oversexed amorphous being. And we laughed.

You didn’t write back, I haven’t done it either. What difference would it make? Never go back to where you once were happy. I have learned my lesson. Gifts are better kept unwrapped.

That is not love, I can hear you guys thinking. Of course it is not but you are as stupid as I am and have no real idea of the world that surrounds you. You try to have your own explanations, your rituals, your ego and your memories. You don’t have a clue. I don’t have a fucking clue.

When do you know that you have fallen in love? They say that you cannot prepare yourself to love, that it merely happens. What is important about falling in love is the fall, says Zizeck. The fall. Or is it the tear? The licking? The crumpling?

A fall can never be planned, it can never be acted.

(Part of the performance “El amor es un perro infernal o eso dice Bukowski” together with Sabeth Dannenberg)